Aquella mañana de instituto no escuché el despertador, me desperté desorientado 3 horas más tarde. Me levanté y ví el despertador, estaba confundido, me pareció extraño, nunca antes me había fallado. Apresuré a lavarme, vestir y salir, bajé las escaleras con los auriculares puestos. Como siempre, decidí coger el camino más corto al instituto, iba distraído escuchando mi música favorita. Caminé hasta llegar a él, me acerque, entre por la puerta principal, me quité los auriculares y me extrañe. Enseguida me di cuenta de que no había nadie, no había conserje, profesores, ni siquiera el director. Entré en las aulas esperando encontrar a alguien, de nuevo, no había nadie.

Rápidamente encendí la televisión, me asuste aún más al ver aquella pantalla gris.
El miedo iba poco a poco apoderándose de mi, Salí de mi habitación y bajé las escaleras a gran velocidad pero ralenticé mis pasos mientras bajaba hasta quedarme quieto, con el miedo, no me había dado cuenta de que no me podía escucharme bajar, mis pasos no producían ningún ruido. Solo existía el sonido de mi voz, lo demás era un profundo silencio.

Desperté en un hospital, en una habitación, con unas vendas en la cabeza conectado a un electrocardiógrafo, sin recordar nada, y mi padre sentado en un sillón junto a mi, dormido.
Según mi padre, llevaba 2 semanas en coma. Tuve un accidente de tráfico cuando caminaba de vuelta a casa.
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